¡911 Queer-mergency!

por Sergio González

Este 17 de mayo, asistimos a un nuevo aniversario de IDAHOT (International Day Against Homophobia, Transphobia and Biphobia). Frente a las características del contexto político y social que las disidencias sexuales experimentamos en nuestros días a nivel global, esta conmemoración (impulsada desde 2004) resulta significativa para problematizar el estado actual de nuestras condiciones de vida.

La fecha conmemora la eliminación de la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales de la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, la celebración apunta a una cuestión más amplia. Se trata de la lucha contra prácticas y discursos que configuran actos de violencia a nivel material sobre nuestros cuerpos e identidades y a nivel simbólico, lo que genera barreras a nivel de reconocimiento social.

Más derechas… menos derechos

Si posicionamos la mirada hacia los derechos de las disidencias, la International Lesbian, Gay, Bisexual, Trans and Intersex Association (ILGA) brindó algunas pistas que caracterizan dicha situación en el informe “Lawn on us” (2024). La organización, relevó la situación en 193 Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas. Un hallazgo clave es que a pesar de que a nivel internacional existan más legislaciones que regulan los derechos de las disidencias, las discusiones están marcadas por fuertes oposiciones. La consecuencia es la obstaculización en el acceso a servicios y garantías específicas para nuestras poblaciones.

Una pauta cultural y política que guarda relación con esta situación es la institucionalización de gobiernos de ultraderecha en diferentes latitudes del mundo. Los debates académicos discuten hace tiempo si corresponde hablar de nuevas derechas, gobiernos neofascistas, o neoconservadores, entre otros términos. No es mi intensión definir con precisión esto, sino más bien abordar una característica en común. Esta es: la política anti-género o bien una cruzada contra lo que han denominado “ideología de género”, objetivo clave en su batalla cultural.

El párrafo anterior, reúne diversos términos, no considero que revistan aspectos que son contrapuestos entre sí, sino más bien es como que se tocan o se pegan. A propósito de lo “pegajoso”, Sara Ahmed lo aborda en “La política Cultural de las Emociones” (2015) como algo que tiene que ver con el tiempo, la historicidad, con aquellos espacios que atraviesa un cuerpo, que a la vez entra en contacto con otras cosas. ¿Será que para este tipo de gobiernos, la política anti-género ha sido su bastión en distintos momentos de nuestra historia? ¿Esto podría explicar por qué en diferentes contextos las disidencias llevamos un blanco en la espalda? Tal vez aquello pegajoso, puede incluir también las prácticas que adoptan determinados cuerpos en escenarios específicos. O bien las políticas que asumen los gobiernos cuando llegan al poder.

Esto no es conspiración, si anudamos algunos hechos es posible detectar patrones en materia de política. O bien pensar que lo pegajoso podría funcionar como una forma de transferencia o una estrategia para unificar criterios de políticas dirigidas hacia poblaciones específicas como la disidencia sexual.

Política antigénero around the world

La activista e intelectual feminista Sonia Corrêa sostiene que la guerra contra el género tanto en Europa como en América, se asemejan a ciclones que avivan tormentas políticas que allanaron el camino para la era del neofascismo. Corrêa destaca no se ataca solo al género, sino que por medio de este, se afectan otros aspectos vitales, como los derechos humanos. A la vez representa esta tendencia como una “hidra de muchas cabezas” donde cohabitan influencias religiosas, católicas y evangélicas fundamentalistas, así como también organizaciones seculares.

Cuando señala que el ataque no solo es hacia el género, hay un ejemplo muy concreto respecto de la política de Trump. Más allá del género, la sexualidad, las identidades y el deseo no heterosexual, se ataca al progresismo en general (digamos lo woke), la producción de conocimiento crítico (Universidades, Ciencia e Investigación), la incitación al racismo, entre otros puntos. Si borráramos el nombre de Trump ¿podría esto adecuarse a la descripción de las políticas en otro país?

Pensemos por ejemplo que bajo la lógica de la defensa de la familia tradicional que pregonan estos sectores de la política, la infancia aparecerá como el valor más preciado a cuidar. Por este motivo buscan regular los espacios en que les niñes se educan. La administración Trump recortó en 2025 fondos para programas de Educación Sexual en el Estado de California, debido a la negativa de este a retirar material que hablaba sobre la identidad de género. En Argentina, Milei eliminó el presupuesto nacional para el Programa de Educación Sexual Integral (Ley 26.510) trasladando la responsabilidad a las provincias, además se eliminaron contenidos de ESI de portales oficiales. En 2025 también la administración de Meloni en Italia, presentó un proyecto de ley para terminar con la ideología de género en las escuelas. Si viajamos a fines de los 80’s, Tatcher implementó una prohibición de mencionar la homosexualidad en las escuelas en Reino Unido; a más de cuarenta años las lógicas se repiten.

La intervención de los gobiernos en ámbito educativo guarda una clara relación con evitar incluso, la mínima mención referida a las identidades disidentes. Todo para garantizar un desarrollo normal (léase heterosexual) de la infancia, Paul B. Preciado se preguntaría ¿quién defiende al niñx queer?

Hay una cruzada aún mayor, destinada al ataque y el borramiento de las personas trans. Recordemos que en América Latina, su esperanza de vida se encuentra en un promedio de 35 a 40 años. La política mileista en Argentina, atacó al colectivo trans desde varias aristas. En primer lugar, cargó contra el cupo laboral trans, a partir de lo cual se despidieron cerca de un centenar de trabajadores del Estado (esto se extiende al empleo público en general). En segundo lugar, se introdujeron modificaciones a la ley de identidad de género (26.743) y en tercer lugar, introdujeron discursos que promueven que el Estado no debería garantizar intervenciones de readecuación de género. Aquí también apareció la cuestión de las infancias y la prohibición de la realización de intervenciones quirúrgicas y tratamientos hormonales. En Italia, Meloni sostiene discursos similares. Incluso Putín en Rusia ha promulgado una lucha contra las identidades trans banalizando el concepto de autopercepción, comparándolo con autopercibirse “un buen presidente”.

La administración Trump, introdujo medidas para prohibir el acceso a servicios de salud para personas trans, restringido políticas vinculadas a la participación de personas trans y otras disidencias en espacios como el ejército. Además buscan regular el uso de sanitarios de acuerdo con el género autopercibido. Incluso las prohibiciones incluyen espectáculos artísticos drags frente a la presencia de niñes.

Es posible continuar enumerando situaciones, una de ellas es que aún existen 62 Estados miembros de la ONU que criminalizan los actos sexuales entre personas del mismo sexo. En el caso de Senegal, en el mes de marzo, duplicó las penas llevándolas a diez años.

La otra cara del espanto

El panorama resulta desalentador, sin embargo, esta no es la primera vez que devenimos objetivo a exterminar. ¿La inversión podría ser una posibilidad para continuar viviendo? No vamos a negar que la situación es compleja para todes, pero cuando habitamos determinadas intersecciones las cosas se experimentan de modo particular. Sobre todo cuando nos convertimos en fuente de malestar y en destinataries del odio. El odio también es un tipo de afecto pegajoso, sobre todo cuando se derrama por las pantallas por parte de un presidente. El discurso de odio tiene consecuencias concretas en nuestras vidas cotidianas. Ya lo señaló el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio al afirmar que en 2025, los casos aumentaron un 62%.

Más allá de todo, nos gusta jugar con la inversión. En medio de tanto miedo, hay formas y espacios que se vuelven refugio, ejemplo de ello es la situación en Minnessota y la resistencia queer que aborda el artículo de Marce Butierrez. Por otro lado y pensando en la experiencia local, el activismo transfeminista sanjuanino lleva a cabo la cruzada: “Un baño para Irma”, una estrategia para asegurar mejores condiciones de vida para una adulta mayor trans.

En el ámbito Universitario (otro objetivo en la política de ajuste), en 2024 las disidencias formamos en la Facultad de Ciencias Sociales el Grupo de Estudios Lecturas Mostras. Se trata de un espacio para reconocernos y construir conocimiento juntes. Este ha sido también lugar de reflexión acerca de la situación actual y donde es posible imaginar formas de acuerpamiento y resistencia.

El grupo, ha sido la plataforma para motivar la participación sanjuanina en el Segundo Congreso Nacional de Estudios Interdisciplinares sobre Diversidad y Disidencias Sexuales y de Género que se llevará a cabo el próximo mes en la Provincia de Córdoba. Además de este evento, también podemos hablar de la conformación de una Red de Investigadores que funciona como una de las patas principales en la organización del Congreso: la REDINSEX. Hay mucho que contar sobre eso… tal vez en una próxima entrada.

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