Por Lidia Furlani y Natalia Silva
Los temores respecto a la escritura suelen acrecentarse mientras más nos acercamos a la rigurosidad científica. Las formaciones de posgrado nos hacen escribir tesis o artículos con una alta vigilancia sobre los términos académicos establecidos, las normas de citación, la bibliografía actualizada que fundamenta nuestros postulados, la discusión y las posturas críticas. Muchas veces, todo esto no hace más que coartar nuestros tímidos intentos de construir con las palabras escritas nuestras ideas.
En ese contexto, nos animó a escribir este ensayo la posibilidad de hablar con algo de soltura de las mujeres rurales, usar la palabra de otros modos, sacándole el temor de la cientificidad, pero jugando ahí cerca.

Se trata del concurso anual del Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica (IPDRS) que propuso para la realización de ensayos la temática “Mujeres Rurales: Innovando estrategias, transformando realidades”.
La propuesta buscaba experiencias de autogestión de las mujeres en el área rural, por lo que la convocatoria era pertinente para nuestros temas de trabajo. Pero, más importante, por las experiencias de vida que atravesamos: somos mujeres rurales que investigamos y escribimos.
Sí, es una década la que termina -sí, seguro habrá quienes dirán que ésta termina con la llegada del 2021-. Lo cierto es que, para ser más específicos, es una visión arbitraria la idea del transcurrir del tiempo. Sólo son días que pasan y que se aglutinan en pequeños cuadritos de calendarios que hacen que nos movamos cada vez más y más rápido. Cual juego de mesa, recorremos un cuadrito a la vez, un cuadradito en el que entran metas, deadlines, sueños, utopías, informes, gobiernos, guerras, luchas.
En esta ocasión, con la participación de unos 20 evaluadores de DEval, presentamos la versión en inglés del libro: Leaving a footprint. Stories of evaluations that made the difference’.
El último día del año 2018 nos trae la noticia triste de la muerte de Ricardo Wilson-Grau, evaluador latinoamericano con reconocimiento global.
El último seminario del PETAS fue el final de un ciclo que intentó atravesar lo que los diversos encuentros pretendieron demostrar: la vida de un/a investigador/a está atravesada por el cambio en loop. En otras palabras, la realidad de quien pretende hacer ciencia es absorbida por una especie de espiral de mutaciones epistémicas y metodológicas de la que es imposible escapar.