Hace casi 70 años, Evita hablaba de las Nadies, los lugares que ocupaban, los silencios, las renuncias. Decía que “en las puertas del hogar termina la Nación entera y comienzan otras leyes y otros derechos (…). La madre de familia está al margen de todas las previsiones. Es el único trabajador del mundo que no conoce de salario, ni garantía de respeto, ni límites de jornadas, ni domingo, ni vacaciones”.

Es que las Nadies tienen el poder del Rey Midas, en vez de convertir lo que tocan en oro, todo lo que tocan lo transforman en amor. Las Nadies trabajan las 24 horas durante los 7 días de la semana, producto del amor. Las Nadies realizan una doble jornada laboral, producto del amor. Las Nadies aceptan trabajos precarizados para conciliar con las tareas del hogar, producto del amor. Lo cierto es que cada labor que realizan es cubierta por una especie de manto de invisibilidad que transforma todo en rasgo distintivo del amor de madre. Muchos/as consideran que esta tarea interna del hogar no es un trabajo, sino que forma parte de una especie de contrato social en el que se romantiza la renuncia de sí misma, en el nombre del amor.
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